miércoles, 29 de marzo de 2017

Me excita que me maltraten

Es legítimo defenderse

Me excita que me maltrate, me pone a mil que grite y me pegue. Corro hasta la cocina, él me persigue golpeándome y me estampilla contra los armarios. Cojo un cuchillo y le abro un tajo en la garganta de oreja a oreja. Fin de la tontería.
Ya lo he dicho: me excita que me maltraten, me pongo de una mala leche impresionante, solo con que me levanten la voz ya empiezo a cabrearme. ¿Acaso no merezco respeto?
Es insoportable que sigan matando a una o dos mujeres por semana. Ni el 016, ni la policía, ni la justicia, ni la familia, ni los amigos, ni la sociedad… nadie ha podido salvarlas. Es un hecho. Y será mejor no negarlo si queremos evitar la muerte. Es necesario ser conscientes de ello y afrontar la realidad en toda su crudeza, porque esperar amparo de los demás se ha demostrado insuficiente y equivocarse subestimando el riesgo puede resultar fatal.
En la escena que he planteado, al principio, solo había dos salidas: o morir o matar para defenderse.  A veces, todas las opciones son malas, pero entre estar muerta o seguir viva, yo prefiero estar viva, aun a riesgo de que un juez me condene injustamente a prisión.
La mujer no debe confiar su seguridad a terceras personas o siempre estará vendida. Es imprescindible que aprenda a ser respetada y a defenderse de una forma activa. La primera responsable de su seguridad es ella, con independencia de que, además, se pueda solicitar auxilio, pero la primera responsabilidad es indelegable.
Como el hombre es físicamente más poderoso que la mujer, tradicionalmente, ha actuado como agente protector en la figura del padre, del esposo, del hermano… Sin embargo, al asumir ese rol de protector, se ha arrogado también el de dominador. ¿Por qué? es simple: porque puede, porque en una pelea gana.
Para completarlo se educa a la niña en la sumisión. Empieza pegándole el padre para que obedezca, y la escuela y la religión la obligan a perdonar a sus agresores y la humillan forzándola a besarlos, de lo contrario, es castigada y considerada una mala persona. A los quince años ya tenemos troquelada una futura víctima: los instintos de supervivencia anulados, las capacidades de defensa inutilizadas, la mentalidad lavada… perfecta para vivir en sociedad ¿o debería decir: sufrir discriminaciones y agresiones en sociedad?
Antes de seguir, quiero dejar claro que no tengo nada contra los hombres sino contra el maltrato, me da igual que provenga de hombre o de mujer (porque también existen arpías capaces de convertir a un hombre en un desdichado pelele y de arruinarle la vida). Por fortuna, la mayoría de hombres no son maltratadores, sin embargo, hay un porcentaje elevado que sí lo es. Ante la imposibilidad de conocer, a ciencia cierta y de antemano, lo que resultará cada uno, lo más prudente es ser precavida. Por lo tanto, confiar la seguridad de la mujer al hombre no siempre será la mejor idea.
Yo he tenido muchísima suerte con mi marido, pero miro a mi hijo y a mi hija con preocupación. ¿Qué mensaje debería transmitirles para que estén prevenidos contra el maltrato?
Me arrepiento de haberles dicho que no pegaran a nadie cuando eran pequeños porque eso los convirtió, automáticamente, en el blanco de los acosadores y les amargaron la infancia. No quiero volver a ver a mi hija en un hospital porque ha sufrido un infierno de ese tipo.
Ni se ha podido atajar la violencia de género ni tampoco el acoso escolar. Es un fracaso absoluto. La primera obligación de los padres es enseñar a sobrevivir a los hijos, sobre todo, si la sociedad falla, y voy más lejos: incluso en contra de la sociedad si fuera necesario. Yo no he criado a dos hijos para que venga un desgraciado a matarlos porque sí.
A mis hijos, les explicaré que el hombre y la mujer son distintos físicamente, pero que tienen los mismos derechos y que jamás deben permitir que nadie les falte el respeto, en especial, la pareja.
A mi hija, le recomendaré que aprenda defensa personal y que abandone a cualquiera que muestre indicios de ser maltratador, que nunca pierda la independencia económica y que no tenga hijos si eso la va a colocar en una posición vulnerable. Y si a pesar de todas las precauciones es maltratada, que nos pida ayuda. Como madre estoy dispuesta a matar o dar mi vida con tal de defenderla. Es una ley natural básica que está por encima de cualquier ley humana.
Sé que me diréis que parece como si la mujer tuviera la culpa de que la maten por no defenderse. No. El culpable siempre es el agresor tanto en la violencia de género como en el acoso escolar.
Lo que yo expongo aquí es que ya está bien de buenismos y de paños calientes. No es lo mismo pegar para divertirse que pegar para defenderse de un acosador escolar. No es lo mismo «la maté porque era mía» que matar para defenderse de una pareja maltratadora. Es legítimo defenderse y la mujer debe hacerlo como pueda y con lo que pueda. De poco le sirve ser correctísima y acatar la ley si acaba muerta.
Y todavía habrá personas que opinen que la violencia no es justificable, ni siquiera, en defensa propia. Bien, entonces que vengan y pongan su cara y su culo. Su cara para que el maltratador se la rompa y se la desfigurare de por vida y el culo para que la viole. Y, encima, que dé gracias si no la mata.
A las parejas deberían explicarles las condiciones muy bien desde el principio: «No te consentiré que me faltes el respeto. Si constato que me eres infiel, te dejaré de inmediato. Si me pegas, lo harás la primera vez porque me pillarás de sorpresa, pero te juro que no volverás a dormir tranquilo…  Si te parece razonable, estupendo, vivimos juntos; sino yo no pienso ni forzarte a nada ni transigir en estos mínimos. Eres libre de escoger.»
A mi hijo le advertí de que yo le había puesto en este mundo y yo lo quitaría si pegaba o violaba a una mujer. Las madres y los padres somos responsables de la educación de los hijos para que no devengan maltratadores.
Los hombres y las mujeres nos necesitamos, por una simple cuestión de reproducción de la especie; pero también porque la vida siempre es más agradable y rica en compañía y, cuando mujeres y hombres son capaces de complementarse en lugar de entrar en confrontación, se suele llegar a un estado de plenitud que jamás se alcanza de forma individual.
Seamos inteligentes y escojamos bien a la pareja; y si en lugar de un príncipe que nos respete nos sale una rana, ¡a la charca o a la caja de pino!, pero ni una mujer más asesinada.

Un gran abrazo para todas las personas maltratadas.

Descansen en paz las mujeres, los hombres y los niños víctimas de maltratadores.

miércoles, 8 de marzo de 2017

La violación no es un recurso estilístico




Hoy ha sido un día estupendo y nada me apetece más que terminarlo leyendo una buena novela. Retomo la que me prestó una amiga con recomendaciones muy favorables.  Acomodada en el sillón, empiezo a disfrutar de la tranquilidad y la lectura.
A la media hora, unas náuseas horribles me obligan a cerrar el libro. No se me ha indigestado el almuerzo, es la descripción de la violación de una mujer y una niña lo que me ha descompuesto. Se me acaba de fastidiar la tarde.
Me pregunto si era necesario incluir tres escenas de violación en esta obra. Me contesto yo sola: «El sexo vende. Nada hay tan poderoso como una descarga de hormonas de placer y eso engancha al lector que querrá repetir y comprará las obras de esta escritora». Pero ¿era imprescindible que fueran violaciones? ¿No es suficiente un episodio de sexo consentido?   Y vuelvo a responderme: «A según qué personas la violación les supone más excitación por lo que tiene de humillación y poder. A más excitación… más ventas». ¿Todo vale con tal de ganar dinero?
Se utiliza la violación como quien utiliza la metáfora, y la violación no es un recurso estilístico. La humillación, el asco, el miedo y el dolor dejan unas secuelas que casi nunca se superan. Es astronómica la cantidad de personas, incluidos menores,  que sufren abusos sexuales. A fuerza de leer y escuchar en los medios de comunicación estas noticias la gente se insensibiliza y le parece algo normal, justificable, perdonable… Y no lo es, no lo será nunca. Es un tema demasiado serio y doloroso para banalizarlo.


No parece conveniente que se promocionen las violaciones ni en las novelas ni de ninguna otra forma. Un escritor que no sea mediocre encontrará argumentos y estilos literarios lo suficientemente interesantes como para evitarlas. ¿Que debe haber libertad de expresión? Por supuesto. Y también libertad de lectura. Yo libremente decido que no pienso leer nada de escritores que incluyan violaciones en sus obras. Desde hoy empiezo mi lista negra de escritores violadores. Los primeros que me vienen a la mente:
Jesús Maeso de la Torre. No se me va de la cabeza la imagen de unas niñas violadas repetidamente en la bodega de un barco sucias de semen reseco.
Alberto Vázquez-Figueroa. Un muchacho atado a una palmera es sodomizado hasta que muere desangrado.
Julia Navarro Fernández. Violaciones de mujeres y niñas.
Se me ocurre que, además, podría lanzar una campaña y escribir a las editoriales y a los autores. Las lectoras son un segmento importante del mercado, seguro que no les hace gracia perderlo. Empiezo a valorar las posibilidades y, a los dos segundos, me doy cuenta de que también hay escritoras y lectoras aficionadas a las violaciones. Es para entrar en shock.
No me sorprende que un hombre, que escribe para otros hombres, incluya violaciones; sin embargo, ¿cómo puede ser que las mujeres demuestren tan poca sensibilidad? ¿Cómo  explicar que una señora haya sido capaz de escribir Cincuenta sombras de Grey? Y peor todavía, ¿qué habrá en la cabeza de las mujeres que organizan caravanas para ir al estreno de la película en Madrid?
¿Es que la mitad del género femenino ha perdido la chaveta? ¿De verdad les excita que las maltraten? Se pueden aceptar las fantasías y los juegos sexuales, pero siempre que sean consentidos libremente, siempre que no haya daños.
No sé vosotros, hombres y mujeres, qué pensáis, pero yo no contribuiré ni un día más a promocionar maltrato ni a hombres ni a mujeres, sean adultos o menores.
Ojalá todas las mujeres pudieran tener hoy un feliz día de la mujer.

sábado, 14 de mayo de 2016

Bebe mucho y folla mucho




«Bebe mucho y folla mucho» Perdonad la ordinariez, pero quiero transcribir literalmente esta dedicatoria, hecha de todo corazón, de una niña a su mejor amiga. Son crías de catorce años y casi todas las de la cuadrilla llevan este mismo deseo escrito en el peto del pantalón. 

No conciben una fiesta sin borrachera y sexo. Las escuchas antes: «Voy a coger una borrachera que…» Las escuchas después: «Me tiré a fulano. Si hubieras visto como iba de borracha…, me tuvieron que llevar a casa». Y los chicos no son mejores: «Me fumé…, me follé a fulana, me bebí una botella entera de whisky, entré en coma etílico y acabé en el hospital»

Es preocupante que el objetivo de cualquier celebración sea emborracharse y tener relaciones sexuales con el primero que pillen y que  presuman de ello como si fuera un gran logro. ¿Qué le sucede a esta juventud para que no sepa divertirse sin alcohol, droga o sexo banal?

A este desastre añado el incivismo con el que se comportan pues dejan el lugar del botellón lleno de porquería, da igual si es parque, bosque, ciudad o pueblo. 

¿De quién es la culpa de este desmadre? De los adultos. Es responsabilidad de los adultos marcar límites, orientar y corregir conductas inadecuadas. Los padres que permiten estos comportamientos están haciendo dejadez de sus funciones. También los ayuntamientos y la policía al permitir los botellones. Comerciantes y hosteleros tampoco son inocentes.

Estos futuros alcohólicos, folladores y drogatas, son los futuros médicos, arquitectos, profesores, mecánicos, militares…; pero, sobre todo, son sus hijos, sus nietos, ¿qué están haciendo con ellos?
Padres, autoridades, policía, etc. están actuando de forma muy irresponsable y todos pagaremos las consecuencias. 

«Soria es lo más…», «Elige Soria», son distintos lemas para promocionar Soria y estoy de acuerdo; Soria es estupenda. Los sorianos no han elegido Soria puesto que nacieron aquí, sin embargo, yo vine expresamente, yo sí que elegí Soria porque me gusta mucho, porque Soria es lo más… 

¿Soria es lo más qué? ¿Qué queremos que sea Soria? ¿Lo más sucio? ¿Lo más borracho? ¿Lo más ignorante? Soria será lo que los habitantes de Soria decidamos.  ¿No sería mejor presumir de una juventud sana, bien formada y equilibrada emocionalmente? ¿No es mejor que se inicien en la sexualidad cuando tengan la madurez suficiente para comprender la trascendencia de lo que hacen? 

Soria puede ser una reserva natural, un paraíso. ¿Cómo se compatibiliza esto con la caza, los toros, las basuras y otras actuaciones poco respetuosas con el medio ambiente? 

Repito: Soria y la juventud soriana será lo que nosotros queramos que sea. 

(Por desgracia, esta entrada es aplicable a toda España, lo que no me consuela en absoluto)

Aquí ha habido una fiesta a la española, ¡de vergüenza!

miércoles, 30 de marzo de 2016

LO ÚNICO QUE LA PORNOGRAFÍA PUEDE ENSEÑAR A LOS ADOLESCENTES




Alguien acaba de pasar un vídeo pornográfico por el grupo de clase en una red social. Lo he visto de pura casualidad y me pregunto cuántos más habrán compartido. No me gusta que mis hijos vean ese tipo de sexo. Pienso sobre este tema durante unas horas: ¿por qué buscan pornografía los adolescentes?, ¿qué puedo hacer para evitarlo?, ¿qué pasa si lo prohíbo?

Creo que se recurre a la pornografía, sobre todo, por curiosidad, porque el impulso sexual existe y requieren información lo más explícita posible ya que los libros y las explicaciones de los adultos aclaran muy poco. Suelo dar clases prácticas a mis hijos sobre cualquier habilidad que deban aprender, pero en este caso no es posible, no se trata de cocinar o pintar. Prohibir estos vídeos sería una tontería, pues todo lo prohibido resulta más atrayente. Lo mejor será abordar el tema de frente.

—Chicos, hoy vamos a hablar de sexo y a ver vídeos porno.
— ¡Mamáaaa! —exclaman porque la sorpresa es mayúscula y se han quedado fuera de juego.
—Hacer el amor es una de las vivencias más bonitas, más satisfactorias y más intensas que se pueden experimentar en la vida. En algunos casos, también, puede ser algo desagradable, incluso, traumático.  Todo depende de con quién se haga y cómo. Quiero dejaros claro que hacer el amor no es lo que ahora se dice “follar” (perdón por la vulgaridad, pero es el vocabulario adolescente) 

Follar tiene una connotación de “aquí te pillo y aquí te mato”, de inmediatez, de simple satisfacción del impulso sexual, de chapuza para aplacar un instinto y nada más. Hacer el amor es distinto, implica sentimientos, respeto por la pareja y se lleva a cabo con un intercambio de cariño; depende del día será más o menos apasionado o con juegos o fantasías. 

¿Veis la diferencia? Para follar sirve cualquiera, para hacer el amor necesitáis a alguien que os quiera. Terminado el acto, en el primer caso quizás se haya aplacado el deseo sexual, pero nada más. Hacer el amor es, incomparablemente, más agradable; además de la unión sexual, también, se produce una unión emocional. Creo que no existe nada más intenso. ¿Sabéis una cosa? quien ha hecho el amor ya nunca se conformará con menos.

Si deseamos tener una experiencia positiva, se precisa una pareja estable que nos quiera de verdad, no vale uno que acabas de conocer. ¿Cuándo y cómo? Cuando estéis preparados y haya una oportunidad de hacerlo bien, porque las chapuzas suelen dejar a alguien insatisfecho. Antes, todo era pecado y se tenía que llegar virgen al matrimonio; ahora, pasamos del biberón al preservativo, y ambos extremos son un error. Se han banalizado las relaciones sexuales hasta convertirlas en un pasatiempo como la televisión o la Play. ¿Entendéis que no es lo mismo?, las implicaciones personales y las consecuencias son mucho más serias. 

No os estoy prohibiendo las relaciones sexuales, al contrario, espero de vosotros que investiguéis, que os forméis, que seáis muy buenos amantes y que disfrutéis. Es necesario que experimentéis, pero tenéis que hacerlo bien. Llegar virgen al matrimonio es una equivocación. ¿Qué sucede si dos personas son incompatibles sexualmente? Podrán ser amigos, pero no pareja porque cuando el sexo disgusta se convierte en un veneno que estropea la relación.

Aunque la pornografía no me gusta, he buscado en Internet unos vídeos cortitos y vamos a  comentarlos para que veáis que ahí no aprenderéis nada que valga la pena. Ya sabéis en qué consiste básicamente el coito, observemos cómo lo ejecutan. Tras el visionado y las risas, pasamos un rato comentando las escenas y llegamos a las siguientes conclusiones:

  • Es muy artificial, muy mecánico.
  • No se miran a los ojos, no hay un intercambio emocional, no hay confianza.
  • Apenas hay caricias, falta la ternura.
  • No se hablan, ni se dicen que se quieren, ni expresan sus preferencias en el juego sexual.
  • No se ríen ni bromean, y hacer el amor debe ser, sobre todo, divertido.
  • Realizan toda clase de penetraciones como si se tratara de un concurso. Parece que estén realizando una lista de posturas por obligación en lugar de disfrutar.
  • Es más obsceno que erótico. Carece de sensualidad, elegancia y naturalidad, es todo más bien de mal gusto y ordinario.

  — ¿Tenéis claro que la pornografía solo sirve para aprender cómo NO se debe hacer el amor? Estupendo. Otro día os cuento los secretos para seducir, complacer y ser un buen amante, porque como lo hagáis tan mal como estos del vídeo…, ¡os dejarán todas las parejas!

Cuando nuestros hijos echen a volar solitos se enfrentarán a muchas cosas nocivas: droga, juego, alcohol, maltrato, amistades inconvenientes, depredadores sexuales, etc. La pornografía es solo una más. Lo mejor que podemos hacer es proporcionarles información en cantidad y calidad que los oriente hacia una sexualidad sana, responsable y divertida, y serán capaces de discriminar por sí mismos lo que no les conviene.

martes, 8 de marzo de 2016

Enseñando a volar IV - La pareja no es un príncipe azul, ¡es un iceberg!


Con la etiqueta "Enseñando a volar" publico mis participaciones en el blog Nunca Jamás y Yo de Mel Elices Agudo.
 


Las primeras relaciones amorosas suelen tener lugar durante la adolescencia y suponen un estallido de emociones capaz de descolocar a cualquiera. 

¿Qué formación se da a los chicos sobre la pareja? Ninguna. Y sin embargo, constituye uno de los asuntos más importantes de la vida. Las referencias más cercanas que tienen son sus padres, las películas y los cuentos. Un modelo especialmente nefasto lo encontramos en La Cenicienta, reconvertida al cine en Pretty Woman o Sucedió en Manhattan, por ejemplo. En ellas subyace la idea de que si cazas a un hombre rico, vivirás feliz. Todo se reduce al dinero y me parece un mensaje pésimo. En Cincuenta sombras de Grey todavía es peor, ella consiente incluso humillaciones y vejaciones.  

Suelo advertir a mis hijos de que los príncipes y las princesas solo se aman a sí mismos y utilizan a los demás para que los adoren, además, siempre tienen la sospecha de que los quieren solo por su fortuna. Creer en un príncipe azul puede generar unas esperanzas muy exigentes sobre la pareja porque se forja una imagen demasiado idealizada de lo que debe ser. Cuando la realidad choca con la fantasía, se sienten defraudados y no son capaces de distinguir entre un exceso de fantasía o una mala elección.

¿Cómo orientar a los hijos sobre la pareja sin interferir en una decisión que es personalísima? Empecemos por el principio. Lo primero será reflexionar y pregunto a los chicos. ¿Cuál es el objetivo a conseguir con una relación de pareja? Y les dejo pensar un rato. Para mí, el objetivo sería que la propia relación sea armoniosa y nos proporcione una felicidad juntos superior a la que tendríamos por separado.

Algunas relaciones parece que se mantienen por cuestiones prácticas como pagar la hipoteca a medias o tener criada en casa o hacer lo que todos hacen. No me estoy refiriendo a este tipo de relación, que podría resolverse con un contrato mercantil, me refiero a una relación en la que las personas se comprometen a todos los niveles llegando hasta los más íntimos, los emocionales.

Es importante esclarecer con la pareja qué espera conseguir cada uno; porque, sin concretar expresamente, podemos suponer que coincidimos en lo que queremos y no ser así. Difícilmente se logra un objetivo (sea la felicidad o cualquier otro) si no sabemos cuál es ni si es el mismo ni en qué consiste.
¿Qué se supone que es una relación armoniosa y la felicidad en pareja?
¿Me siento bien o no con esta persona? Quizá esto sea el mejor indicador, no por sencillo pensemos que no es claro y fiable. Lo fundamental es que siempre me siento muy bien con ella. Nuestra felicidad en pareja procede de la plenitud que sentimos cuando estamos juntos.

Una relación resulta agradable cuando es armoniosa. Creo que en las parejas debe haber armonía, no equilibrio. El equilibrio es algo más estático, más exacto, más rígido; mientras que la armonía es dinámica, flexible, oscila entre los extremos según la necesidad. Esta capacidad de adaptarse a las circunstancias, de complementarse para formar un todo superior, es muy importante.  

En la pareja, somos: iguales, complementarios y distintos, en armonía.
El hombre y la mujer no son idénticos, son semejantes en muchos aspectos y distintos en otros como necesidades, capacidades y emociones. Que nadie se confunda: no se puede cambiar lo que la naturaleza ha dispuesto; sin embargo, socialmente sí debemos tener los mismos derechos.
En la pareja habrá un porcentaje muy elevado de afinidades, un porcentaje reducido de diferencias que pueden complementarse y una pequeñísima parte en las que somos distintos irreconciliables.
Ante cualquier asunto que se afronte puede suceder que:

  1. Los dos utilicemos el mismo tipo de recurso, entonces nos sumamos, pero el resultado es mayor que la suma de ambos. No se presentan problemas porque estamos de acuerdo sobre lo que hay que hacer y cómo.
  1. Cada uno contribuye con un recurso propio distinto del otro. Si somos capaces de complementarnos, también, lograremos algo superior que en ningún caso hubiera estado al alcance de uno solo porque carece del tipo de recurso que ha aportado el compañero.
En este caso, hay problemas mientras la diferencia se vive como un enfrentamiento o una crítica y no se ve como un complementario.

  1. Cada uno aporta una idea incompatible con la de la pareja, además, en conciencia siente que no debe cambiarla o, simplemente, no puede.
En estas pocas ocasiones no habrá acuerdo previo. Creo que, precisamente porque son escasas, se puede ceder o llegar a un pacto. No tiene sentido entrar en una pelea sin fin que pueda comprometer una relación estupenda. Es lo que se hace por amor: respetar, aceptar a la pareja a pesar de las diferencias y de los defectos y no querer cambiarla. Porque, repito, las diferencias y los defectos serán pocos y las virtudes muchas.

Una pareja es feliz cuando funciona con armonía, es decir, cuando es capaz de gestionar la relación con flexibilidad (de identidad, complementariedad y respeto) adaptándose a las circunstancias y sacando el máximo provecho o bienestar para ambos en cada ocasión.


Las confusiones
Al principio los integrantes de la pareja no se conocen bien; cada uno llega con sus virtudes,  sus defectos, sus traumas, sus miedos, sus valores, sus prejuicios, sus ideas preconcebidas sobre la pareja y la vida, aunque la mayoría de esto no se percibe a simple vista. 

Se mezcla lo que claramente sé del otro, lo que solo intuyo, lo que me hace sentir y, además, yo añado lo que me gustaría que fuera y me diera, pero la mayor parte de esa persona es desconocida, como en un iceberg. Suele suceder que lo que se imagina no es real. Es difícil dilucidar todas las emociones que actúan y, a veces, la relación resulta confusa y surgen problemas. 

Miro a mis hijos y les digo: “La pareja no es un príncipe azul, ¡es un iceberg! Solo conocéis la pequeña parte que se ve en la superficie del mar, el resto es desconocido. Tendréis que hacer de submarinistas para averiguar cómo es bajo el agua. Una pareja es un baúl de secretos, un misterio con patas que tendréis que desvelar para saber si encaja o no con lo que deseáis”.

Nos miramos los cuatro y nos da la risa. 

Sé que no pueden llegar a comprender en toda su profundidad lo que les he explicado por falta de madurez y de experiencia, pero a fuerza de reflexionar sobre estos temas y de confrontarlos con sus vivencias, junto con una mínima base de ideas claras y capacidad crítica, podrán orientarse mejor que tirándose a la piscina de las relaciones sin plantearse nada.