miércoles, 19 de junio de 2013

A BUENAS HORAS, MANGAS VERDES...

Quiero hacer una mención especial sobre la sentencia del Tribunal Supremo en relación a la custodia compartida de los hijos en las separaciones matrimoniales. Como no cabía otra, ha reconocido el derecho de infinidad de padres que se han visto humillados, maltratados, señalados e, incluso, convertidos en delincuentes.

Es evidente que hay padres responsables y otros que no lo son, pero no es menos cierto que hay madres que obtendrían idéntica calificación. ¿Es lógico que los tribunales lo reconozcan a estas alturas? Yo también, como muchos padres, quiero a mis hijos. Los padres tenemos derechos  y no solo deberes, y es hora de que dejen de prejuzgarnos como los malos de la película por el mero hecho de ser hombres.
En todos los divorcios los culpables son única y exclusivamente los componentes de la pareja, por tanto no se debe involucrar a los hijos. Amparándose en la ley de igualdad de género, algunas mujeres han instrumentalizado tanto a la justicia como a los hijos para vengarse y hacer un abuso de derechos, desvirtuando lo que en principio pretendía esta ley: la igualdad, que ahora se ha polarizado al otro extremo.
Hay que reconocer que a lo largo de la historia los hombres han gozado de un poder absoluto y, en algunos casos, despótico; sin embargo, ¿qué culpa tenemos los padres actuales de lo que hicieran los hombres del pasado? Es más; ¿qué culpa tengo yo en concreto de lo que haga cualquier otro ciudadano en la actualidad? ¿Por qué habrían de castigarme a mí, si mi comportamiento ha sido correcto?
Las consecuencias han resultado ser fatales. No debería existir ni machismo ni feminismo sino una justicia justa y equitativa. Cuando una sociedad tiene que convertir en “malo”  lo que va en contra de la lógica justa para hacer buenos otros principios, que cree que son verdad absoluta, acaba en fracaso.
Por ese motivo, habría que preguntar a quienes han administrado justicia:
  • Esta sentencia sienta jurisprudencia, pero no ha variado la ley. Siendo la misma ley, entonces ¿por qué nos privaron de nuestros hijos? ¿No ha sido todo una gran arbitrariedad?
  • ¿Qué sucede con los padres que se hayan visto privados de ese derecho? ¿Quién los compensa y cómo?  Quizás ahora los hijos ya son mayores y ya no están a tiempo de acompañarlos en sus alegrías y problemas. La falta de contacto con el padre habrá motivado una falta de consolidación de lazos emocionales, además, en muchos casos han sido manipulados hasta un extremo en que son irrecuperables.