Habrá más asesinatos de profesores y de alumnos



Han transcurrido 10 días desde el asesinato del profesor Abel Martínez a manos de un alumno y leyendo la prensa y las redes sociales me llama la atención:
1º La poca atención que ha merecido el profesor, casi toda la información se refiere al niño. Resulta significativo que interese más el asesino que la víctima, esto da la medida de la catadura de los periodistas que sirven así la información y de los lectores que demandan eso y no otra cosa.
2º Me asombra que se comente que esta agresión es un hecho aislado y que en España no podemos esperar que se repita.

Sí se repetirá, porque en realidad ya hace tiempo que sucede. El pasado año un 7% de las denuncias efectuadas por profesores fueron por agresiones de alumnos, a lo que hay que añadir los innumerables niños víctimas de acoso.

No solo es lamentable que la prensa haya dado más protagonismo al asesino que a la víctima sino que además es peligroso. El mensaje que se está enviando a los críos es: PUEDES MATAR AL PROFESOR, ERES EL PROTAGONISTA Y NO TE PASA NADA PORQUE ERES MENOR. Este chaval tendrá imitadores.

Pensemos en el acoso escolar y la violencia de género, ¿se han podido atajar? No. Esos niños que hasta ahora acosaban a sus compañeros ya se atreven, también, a matar al profesor. Simplemente es un grado más.

Quizás, ahora que los profesores se han visto seriamente afectados, consideren las situaciones de acoso de otra forma, porque en muchos casos, no sé por qué perversidad, se tergiversaban las cosas y el agresor era considerado la víctima; un pobrecito niño enfermo, de familia desestructurada, con quien había que empatizar y ser solidario y reinsertarlo…; a la criatura que acababa en el hospital se le exigía que fuera comprensiva y resiliente; y si los padres la defendían, se les consideraba molestos, exagerados y sobreprotectores.

A ver si queda claro: el agresor no es la víctima, la víctima es el agredido sea alumno o profesor.
A ver si entendemos esto otro: a veces, todas las soluciones son malas. La realidad es que hay personas que son peligrosas para los demás y es necesario escoger entre mantenerlas recluidas y evitar muertes o dejarlos en libertad y aceptar que matarán.  ¿Qué escogemos? ¿Profesor/alumno muerto o niño en tratamiento?

Yo opto por darle tratamiento psiquiátrico y educación especial al niño y, si es necesario, recluirlo. El problema es que esto es carísimo y por eso se decidió reinsertarlos. El 25% de la población (incluidos los psicólogos) sufrirán algún tipo de enfermedad mental a lo largo de su vida, un mínimo de un 1% son esquizofrénicos y algunos llegan a matar.

En el origen de todo este problema posiblemente esté una crianza de los hijos mal enfocada y un sistema educativo pésimo.

Desde este blog, enviamos un fuerte abrazo a la familia de Abel Martínez y al resto de las víctimas.

Sres. Padres, Sres. Profesores, Sres. Alumnos, el respeto hay que merecerlo



He conocido excelentes profesores y siento hacia ellos una gratitud infinita. Existen profesores que hacen agradables los estudios más ingratos, y por contra, existen otros capaces de hacer aborrecer hasta la asignatura preferida. Se está reclamando respeto para los profesores y me parece justo y necesario; sin embargo, ese respeto hay que merecerlo. Quienes no se preparan las clases, no resuelven dudas, no explican bien, no son justos evaluando, insultan, humillan, agreden, son déspotas o arbitrarios, abusan sexualmente… no merecen ni respeto ni ser docentes; quienes los amparan, tampoco.


¿Qué resultados podemos esperar si fiamos la educación a personas negligentes o con trastornos de personalidad?


Algunos padres hacen dejadez de funciones, otros quieren seguir siendo adolescentes sin obligaciones o pretenden ser amiguetes de sus hijos. Un padre no es un amigo, el padre tiene la responsabilidad de querer, educar, corregir y proteger. Cubiertas las necesidades básicas, es un error de prioridades trabajar más horas para mantener un estatus social en lugar de dedicarlas a los niños. Los padres que se desentienden de sus obligaciones tampoco pueden exigir respeto o achacar al profesorado la culpa del fracaso de sus hijos. 


También entre los chavales hay variedad: buenos alumnos, con dificultades, maleducados, enfermos y malvados sin ningún tipo de justificación. Todos deben comportarse de forma respetuosa si quieren ser respetados. Me preocupan sobre todo las víctimas, aquellos que soportan el acoso de compañeros o de profesores, porque son los que abandonan los estudios aun teniendo capacidad o, en el peor de los casos, se suicidan o matan.


Todos debemos desempeñar nuestro papel con la máxima corrección y honestidad; pero los primeros que debemos dar ejemplo, para orientar a los menores, somos los adultos y las instituciones; sin embargo, hemos fracasado a juzgar por los resultados.

El respeto ha de ganarse y ha de ser recíproco.