domingo, 14 de febrero de 2016

Enseñando a volar III - Administrar dinero y otros recursos

Con la etiqueta "Enseñando a volar" publico mis participaciones en el blog Nunca Jamás y Yo de Mel Elices Agudo.



«Mamá, quiero cromos. Mamá, cómprame…» Os suena esta cantinela, ¿verdad? Mi hijo no paraba de pedir cosas, y como no es posible ni recomendable concederle todos los caprichos, decidí darle una cantidad mensual de dinero para que se comprara lo que quisiera.

En un principio se puso contentísimo, pero cuando calculó que necesitaría seis meses para conseguir un baúl de madera que deseaba, se quejó diciendo que era mucho tiempo; entonces, le contesté que a los padres nos pasa igual: a veces, tardamos meses o años en conseguir el dinero. Aunque para un niño de cinco años era una eternidad, fue capaz de ahorrar y comprarse el baúl.

Enseñar a volar a un hijo implica instruirlo en todo lo necesario para que pueda valerse por sí mismo, y la administración de los recursos, sea dinero, tiempo o bienes, es quizás de las lecciones más importantes de la vida. Nadie es independiente con el cheque de papá.

Los niños nacen con deseos infinitos, sin embargo, los recursos siempre son limitados por lo que es imprescindible que aprendan a administrarlos y a priorizar las necesidades. 

Mientras son pequeños es suficiente con darles una cantidad mensual; en cambio, a un adolescente conviene  explicarle el funcionamiento de una hoja de tesorería anual, asignarle una cantidad mayor de dinero que incluya sus gastos de vestuario, estudios…, y exigirle que la cumplimente cada mes antes de recibir la paga.  Aunque la hoja de tesorería puede llevarse manualmente, una hoja de cálculo informatizada es más divertida y recalcula todo, automáticamente, cada vez que se modifica una cifra. 

Deberá saber de antemano qué importes se le entregarán, en qué fechas del año y para qué partidas, de esta forma podrá organizarse. Por ejemplo: tienes X euros para ropa y calzado, piensa lo que necesitas, distribuye el dinero y cómpralo.

No está de más, enseñarles las cuentas domésticas para que se hagan una idea global de la cantidad de facturas e impuestos que pagan los padres, de cómo unos meses se ingresa lo suficiente para atender todos los pagos, en cambio, otros aparecen números rojos que deben cubrirse con ahorros previstos para ello. Las hojas de cálculo son muy visuales cuando se han configurado los números negativos en rojo. 

Saber autolimitarse es uno de los aprendizajes más difíciles, y la sociedad actual todavía lo complica más incitando a consumir sin medida. ¿Cuántos españoles destinan la nómina entera a cubrir las tarjetas? ¿Cuántos están endeudados por objetos o servicios que eran prescindibles? Pero la publicidad de los bancos induce a comprar: “Lo veo, lo quiero, lo tengo” y la gente pide un crédito. 

Hay que enseñar a nuestros hijos a no consumir innecesariamente, es mejor, que sepan acomodar su estilo de vida a sus ingresos, y si tienen que solicitar un préstamo, que sea por algo inevitable. De lo contrario, serán siempre esclavos de las entidades financieras.

Tenemos una generación entera de jóvenes consumidores, ignorantes,  exigentes y desconsiderados cuando no se puede atender todos sus antojos, fruto de unos padres que confundieron el querer con consentirlos. Hagamos las cosas mejor en esta nueva generación y enseñémosles a administrar. Será una lección impagable.