miércoles, 30 de marzo de 2016

LO ÚNICO QUE LA PORNOGRAFÍA PUEDE ENSEÑAR A LOS ADOLESCENTES




Alguien acaba de pasar un vídeo pornográfico por el grupo de clase en una red social. Lo he visto de pura casualidad y me pregunto cuántos más habrán compartido. No me gusta que mis hijos vean ese tipo de sexo. Pienso sobre este tema durante unas horas: ¿por qué buscan pornografía los adolescentes?, ¿qué puedo hacer para evitarlo?, ¿qué pasa si lo prohíbo?

Creo que se recurre a la pornografía, sobre todo, por curiosidad, porque el impulso sexual existe y requieren información lo más explícita posible ya que los libros y las explicaciones de los adultos aclaran muy poco. Suelo dar clases prácticas a mis hijos sobre cualquier habilidad que deban aprender, pero en este caso no es posible, no se trata de cocinar o pintar. Prohibir estos vídeos sería una tontería, pues todo lo prohibido resulta más atrayente. Lo mejor será abordar el tema de frente.

—Chicos, hoy vamos a hablar de sexo y a ver vídeos porno.
— ¡Mamáaaa! —exclaman porque la sorpresa es mayúscula y se han quedado fuera de juego.
—Hacer el amor es una de las vivencias más bonitas, más satisfactorias y más intensas que se pueden experimentar en la vida. En algunos casos, también, puede ser algo desagradable, incluso, traumático.  Todo depende de con quién se haga y cómo. Quiero dejaros claro que hacer el amor no es lo que ahora se dice “follar” (perdón por la vulgaridad, pero es el vocabulario adolescente) 

Follar tiene una connotación de “aquí te pillo y aquí te mato”, de inmediatez, de simple satisfacción del impulso sexual, de chapuza para aplacar un instinto y nada más. Hacer el amor es distinto, implica sentimientos, respeto por la pareja y se lleva a cabo con un intercambio de cariño; depende del día será más o menos apasionado o con juegos o fantasías. 

¿Veis la diferencia? Para follar sirve cualquiera, para hacer el amor necesitáis a alguien que os quiera. Terminado el acto, en el primer caso quizás se haya aplacado el deseo sexual, pero nada más. Hacer el amor es, incomparablemente, más agradable; además de la unión sexual, también, se produce una unión emocional. Creo que no existe nada más intenso. ¿Sabéis una cosa? quien ha hecho el amor ya nunca se conformará con menos.

Si deseamos tener una experiencia positiva, se precisa una pareja estable que nos quiera de verdad, no vale uno que acabas de conocer. ¿Cuándo y cómo? Cuando estéis preparados y haya una oportunidad de hacerlo bien, porque las chapuzas suelen dejar a alguien insatisfecho. Antes, todo era pecado y se tenía que llegar virgen al matrimonio; ahora, pasamos del biberón al preservativo, y ambos extremos son un error. Se han banalizado las relaciones sexuales hasta convertirlas en un pasatiempo como la televisión o la Play. ¿Entendéis que no es lo mismo?, las implicaciones personales y las consecuencias son mucho más serias. 

No os estoy prohibiendo las relaciones sexuales, al contrario, espero de vosotros que investiguéis, que os forméis, que seáis muy buenos amantes y que disfrutéis. Es necesario que experimentéis, pero tenéis que hacerlo bien. Llegar virgen al matrimonio es una equivocación. ¿Qué sucede si dos personas son incompatibles sexualmente? Podrán ser amigos, pero no pareja porque cuando el sexo disgusta se convierte en un veneno que estropea la relación.

Aunque la pornografía no me gusta, he buscado en Internet unos vídeos cortitos y vamos a  comentarlos para que veáis que ahí no aprenderéis nada que valga la pena. Ya sabéis en qué consiste básicamente el coito, observemos cómo lo ejecutan. Tras el visionado y las risas, pasamos un rato comentando las escenas y llegamos a las siguientes conclusiones:

  • Es muy artificial, muy mecánico.
  • No se miran a los ojos, no hay un intercambio emocional, no hay confianza.
  • Apenas hay caricias, falta la ternura.
  • No se hablan, ni se dicen que se quieren, ni expresan sus preferencias en el juego sexual.
  • No se ríen ni bromean, y hacer el amor debe ser, sobre todo, divertido.
  • Realizan toda clase de penetraciones como si se tratara de un concurso. Parece que estén realizando una lista de posturas por obligación en lugar de disfrutar.
  • Es más obsceno que erótico. Carece de sensualidad, elegancia y naturalidad, es todo más bien de mal gusto y ordinario.

  — ¿Tenéis claro que la pornografía solo sirve para aprender cómo NO se debe hacer el amor? Estupendo. Otro día os cuento los secretos para seducir, complacer y ser un buen amante, porque como lo hagáis tan mal como estos del vídeo…, ¡os dejarán todas las parejas!

Cuando nuestros hijos echen a volar solitos se enfrentarán a muchas cosas nocivas: droga, juego, alcohol, maltrato, amistades inconvenientes, depredadores sexuales, etc. La pornografía es solo una más. Lo mejor que podemos hacer es proporcionarles información en cantidad y calidad que los oriente hacia una sexualidad sana, responsable y divertida, y serán capaces de discriminar por sí mismos lo que no les conviene.

martes, 8 de marzo de 2016

Enseñando a volar IV - La pareja no es un príncipe azul, ¡es un iceberg!


Con la etiqueta "Enseñando a volar" publico mis participaciones en el blog Nunca Jamás y Yo de Mel Elices Agudo.
 


Las primeras relaciones amorosas suelen tener lugar durante la adolescencia y suponen un estallido de emociones capaz de descolocar a cualquiera. 

¿Qué formación se da a los chicos sobre la pareja? Ninguna. Y sin embargo, constituye uno de los asuntos más importantes de la vida. Las referencias más cercanas que tienen son sus padres, las películas y los cuentos. Un modelo especialmente nefasto lo encontramos en La Cenicienta, reconvertida al cine en Pretty Woman o Sucedió en Manhattan, por ejemplo. En ellas subyace la idea de que si cazas a un hombre rico, vivirás feliz. Todo se reduce al dinero y me parece un mensaje pésimo. En Cincuenta sombras de Grey todavía es peor, ella consiente incluso humillaciones y vejaciones.  

Suelo advertir a mis hijos de que los príncipes y las princesas solo se aman a sí mismos y utilizan a los demás para que los adoren, además, siempre tienen la sospecha de que los quieren solo por su fortuna. Creer en un príncipe azul puede generar unas esperanzas muy exigentes sobre la pareja porque se forja una imagen demasiado idealizada de lo que debe ser. Cuando la realidad choca con la fantasía, se sienten defraudados y no son capaces de distinguir entre un exceso de fantasía o una mala elección.

¿Cómo orientar a los hijos sobre la pareja sin interferir en una decisión que es personalísima? Empecemos por el principio. Lo primero será reflexionar y pregunto a los chicos. ¿Cuál es el objetivo a conseguir con una relación de pareja? Y les dejo pensar un rato. Para mí, el objetivo sería que la propia relación sea armoniosa y nos proporcione una felicidad juntos superior a la que tendríamos por separado.

Algunas relaciones parece que se mantienen por cuestiones prácticas como pagar la hipoteca a medias o tener criada en casa o hacer lo que todos hacen. No me estoy refiriendo a este tipo de relación, que podría resolverse con un contrato mercantil, me refiero a una relación en la que las personas se comprometen a todos los niveles llegando hasta los más íntimos, los emocionales.

Es importante esclarecer con la pareja qué espera conseguir cada uno; porque, sin concretar expresamente, podemos suponer que coincidimos en lo que queremos y no ser así. Difícilmente se logra un objetivo (sea la felicidad o cualquier otro) si no sabemos cuál es ni si es el mismo ni en qué consiste.
¿Qué se supone que es una relación armoniosa y la felicidad en pareja?
¿Me siento bien o no con esta persona? Quizá esto sea el mejor indicador, no por sencillo pensemos que no es claro y fiable. Lo fundamental es que siempre me siento muy bien con ella. Nuestra felicidad en pareja procede de la plenitud que sentimos cuando estamos juntos.

Una relación resulta agradable cuando es armoniosa. Creo que en las parejas debe haber armonía, no equilibrio. El equilibrio es algo más estático, más exacto, más rígido; mientras que la armonía es dinámica, flexible, oscila entre los extremos según la necesidad. Esta capacidad de adaptarse a las circunstancias, de complementarse para formar un todo superior, es muy importante.  

En la pareja, somos: iguales, complementarios y distintos, en armonía.
El hombre y la mujer no son idénticos, son semejantes en muchos aspectos y distintos en otros como necesidades, capacidades y emociones. Que nadie se confunda: no se puede cambiar lo que la naturaleza ha dispuesto; sin embargo, socialmente sí debemos tener los mismos derechos.
En la pareja habrá un porcentaje muy elevado de afinidades, un porcentaje reducido de diferencias que pueden complementarse y una pequeñísima parte en las que somos distintos irreconciliables.
Ante cualquier asunto que se afronte puede suceder que:

  1. Los dos utilicemos el mismo tipo de recurso, entonces nos sumamos, pero el resultado es mayor que la suma de ambos. No se presentan problemas porque estamos de acuerdo sobre lo que hay que hacer y cómo.
  1. Cada uno contribuye con un recurso propio distinto del otro. Si somos capaces de complementarnos, también, lograremos algo superior que en ningún caso hubiera estado al alcance de uno solo porque carece del tipo de recurso que ha aportado el compañero.
En este caso, hay problemas mientras la diferencia se vive como un enfrentamiento o una crítica y no se ve como un complementario.

  1. Cada uno aporta una idea incompatible con la de la pareja, además, en conciencia siente que no debe cambiarla o, simplemente, no puede.
En estas pocas ocasiones no habrá acuerdo previo. Creo que, precisamente porque son escasas, se puede ceder o llegar a un pacto. No tiene sentido entrar en una pelea sin fin que pueda comprometer una relación estupenda. Es lo que se hace por amor: respetar, aceptar a la pareja a pesar de las diferencias y de los defectos y no querer cambiarla. Porque, repito, las diferencias y los defectos serán pocos y las virtudes muchas.

Una pareja es feliz cuando funciona con armonía, es decir, cuando es capaz de gestionar la relación con flexibilidad (de identidad, complementariedad y respeto) adaptándose a las circunstancias y sacando el máximo provecho o bienestar para ambos en cada ocasión.


Las confusiones
Al principio los integrantes de la pareja no se conocen bien; cada uno llega con sus virtudes,  sus defectos, sus traumas, sus miedos, sus valores, sus prejuicios, sus ideas preconcebidas sobre la pareja y la vida, aunque la mayoría de esto no se percibe a simple vista. 

Se mezcla lo que claramente sé del otro, lo que solo intuyo, lo que me hace sentir y, además, yo añado lo que me gustaría que fuera y me diera, pero la mayor parte de esa persona es desconocida, como en un iceberg. Suele suceder que lo que se imagina no es real. Es difícil dilucidar todas las emociones que actúan y, a veces, la relación resulta confusa y surgen problemas. 

Miro a mis hijos y les digo: “La pareja no es un príncipe azul, ¡es un iceberg! Solo conocéis la pequeña parte que se ve en la superficie del mar, el resto es desconocido. Tendréis que hacer de submarinistas para averiguar cómo es bajo el agua. Una pareja es un baúl de secretos, un misterio con patas que tendréis que desvelar para saber si encaja o no con lo que deseáis”.

Nos miramos los cuatro y nos da la risa. 

Sé que no pueden llegar a comprender en toda su profundidad lo que les he explicado por falta de madurez y de experiencia, pero a fuerza de reflexionar sobre estos temas y de confrontarlos con sus vivencias, junto con una mínima base de ideas claras y capacidad crítica, podrán orientarse mejor que tirándose a la piscina de las relaciones sin plantearse nada.