miércoles, 8 de marzo de 2017

La violación no es un recurso estilístico




Hoy ha sido un día estupendo y nada me apetece más que terminarlo leyendo una buena novela. Retomo la que me prestó una amiga con recomendaciones muy favorables.  Acomodada en el sillón, empiezo a disfrutar de la tranquilidad y la lectura.
A la media hora, unas náuseas horribles me obligan a cerrar el libro. No se me ha indigestado el almuerzo, es la descripción de la violación de una mujer y una niña lo que me ha descompuesto. Se me acaba de fastidiar la tarde.
Me pregunto si era necesario incluir tres escenas de violación en esta obra. Me contesto yo sola: «El sexo vende. Nada hay tan poderoso como una descarga de hormonas de placer y eso engancha al lector que querrá repetir y comprará las obras de esta escritora». Pero ¿era imprescindible que fueran violaciones? ¿No es suficiente un episodio de sexo consentido?   Y vuelvo a responderme: «A según qué personas la violación les supone más excitación por lo que tiene de humillación y poder. A más excitación… más ventas». ¿Todo vale con tal de ganar dinero?
Se utiliza la violación como quien utiliza la metáfora, y la violación no es un recurso estilístico. La humillación, el asco, el miedo y el dolor dejan unas secuelas que casi nunca se superan. Es astronómica la cantidad de personas, incluidos menores,  que sufren abusos sexuales. A fuerza de leer y escuchar en los medios de comunicación estas noticias la gente se insensibiliza y le parece algo normal, justificable, perdonable… Y no lo es, no lo será nunca. Es un tema demasiado serio y doloroso para banalizarlo.


No parece conveniente que se promocionen las violaciones ni en las novelas ni de ninguna otra forma. Un escritor que no sea mediocre encontrará argumentos y estilos literarios lo suficientemente interesantes como para evitarlas. ¿Que debe haber libertad de expresión? Por supuesto. Y también libertad de lectura. Yo libremente decido que no pienso leer nada de escritores que incluyan violaciones en sus obras. Desde hoy empiezo mi lista negra de escritores violadores. Los primeros que me vienen a la mente:
Jesús Maeso de la Torre. No se me va de la cabeza la imagen de unas niñas violadas repetidamente en la bodega de un barco sucias de semen reseco.
Alberto Vázquez-Figueroa. Un muchacho atado a una palmera es sodomizado hasta que muere desangrado.
Julia Navarro Fernández. Violaciones de mujeres y niñas.
Se me ocurre que, además, podría lanzar una campaña y escribir a las editoriales y a los autores. Las lectoras son un segmento importante del mercado, seguro que no les hace gracia perderlo. Empiezo a valorar las posibilidades y, a los dos segundos, me doy cuenta de que también hay escritoras y lectoras aficionadas a las violaciones. Es para entrar en shock.
No me sorprende que un hombre, que escribe para otros hombres, incluya violaciones; sin embargo, ¿cómo puede ser que las mujeres demuestren tan poca sensibilidad? ¿Cómo  explicar que una señora haya sido capaz de escribir Cincuenta sombras de Grey? Y peor todavía, ¿qué habrá en la cabeza de las mujeres que organizan caravanas para ir al estreno de la película en Madrid?
¿Es que la mitad del género femenino ha perdido la chaveta? ¿De verdad les excita que las maltraten? Se pueden aceptar las fantasías y los juegos sexuales, pero siempre que sean consentidos libremente, siempre que no haya daños.
No sé vosotros, hombres y mujeres, qué pensáis, pero yo no contribuiré ni un día más a promocionar maltrato ni a hombres ni a mujeres, sean adultos o menores.
Ojalá todas las mujeres pudieran tener hoy un feliz día de la mujer.