Me excita que me maltraten

Es legítimo defenderse

Me excita que me maltrate, me pone a mil que grite y me pegue. Corro hasta la cocina, él me persigue golpeándome y me estampilla contra los armarios. Cojo un cuchillo y le abro un tajo en la garganta de oreja a oreja. Fin de la tontería.
Ya lo he dicho: me excita que me maltraten, me pongo de una mala leche impresionante, solo con que me levanten la voz ya empiezo a cabrearme. ¿Acaso no merezco respeto?
Es insoportable que sigan matando a una o dos mujeres por semana. Ni el 016, ni la policía, ni la justicia, ni la familia, ni los amigos, ni la sociedad… nadie ha podido salvarlas. Es un hecho. Y será mejor no negarlo si queremos evitar la muerte. Es necesario ser conscientes de ello y afrontar la realidad en toda su crudeza, porque esperar amparo de los demás se ha demostrado insuficiente y equivocarse subestimando el riesgo puede resultar fatal.
En la escena que he planteado, al principio, solo había dos salidas: o morir o matar para defenderse.  A veces, todas las opciones son malas, pero entre estar muerta o seguir viva, yo prefiero estar viva, aun a riesgo de que un juez me condene injustamente a prisión.
La mujer no debe confiar su seguridad a terceras personas o siempre estará vendida. Es imprescindible que aprenda a ser respetada y a defenderse de una forma activa. La primera responsable de su seguridad es ella, con independencia de que, además, se pueda solicitar auxilio, pero la primera responsabilidad es indelegable.
Como el hombre es físicamente más poderoso que la mujer, tradicionalmente, ha actuado como agente protector en la figura del padre, del esposo, del hermano… Sin embargo, al asumir ese rol de protector, se ha arrogado también el de dominador. ¿Por qué? es simple: porque puede, porque en una pelea gana.
Para completarlo se educa a la niña en la sumisión. Empieza pegándole el padre para que obedezca, y la escuela y la religión la obligan a perdonar a sus agresores y la humillan forzándola a besarlos, de lo contrario, es castigada y considerada una mala persona. A los quince años ya tenemos troquelada una futura víctima: los instintos de supervivencia anulados, las capacidades de defensa inutilizadas, la mentalidad lavada… perfecta para vivir en sociedad ¿o debería decir: sufrir discriminaciones y agresiones en sociedad?
Antes de seguir, quiero dejar claro que no tengo nada contra los hombres sino contra el maltrato, me da igual que provenga de hombre o de mujer (porque también existen arpías capaces de convertir a un hombre en un desdichado pelele y de arruinarle la vida). Por fortuna, la mayoría de hombres no son maltratadores, sin embargo, hay un porcentaje elevado que sí lo es. Ante la imposibilidad de conocer, a ciencia cierta y de antemano, lo que resultará cada uno, lo más prudente es ser precavida. Por lo tanto, confiar la seguridad de la mujer al hombre no siempre será la mejor idea.
Yo he tenido muchísima suerte con mi marido, pero miro a mi hijo y a mi hija con preocupación. ¿Qué mensaje debería transmitirles para que estén prevenidos contra el maltrato?
Me arrepiento de haberles dicho que no pegaran a nadie cuando eran pequeños porque eso los convirtió, automáticamente, en el blanco de los acosadores y les amargaron la infancia. No quiero volver a ver a mi hija en un hospital porque ha sufrido un infierno de ese tipo.
Ni se ha podido atajar la violencia de género ni tampoco el acoso escolar. Es un fracaso absoluto. La primera obligación de los padres es enseñar a sobrevivir a los hijos, sobre todo, si la sociedad falla, y voy más lejos: incluso en contra de la sociedad si fuera necesario. Yo no he criado a dos hijos para que venga un desgraciado a matarlos porque sí.
A mis hijos, les explicaré que el hombre y la mujer son distintos físicamente, pero que tienen los mismos derechos y que jamás deben permitir que nadie les falte el respeto, en especial, la pareja.
A mi hija, le recomendaré que aprenda defensa personal y que abandone a cualquiera que muestre indicios de ser maltratador, que nunca pierda la independencia económica y que no tenga hijos si eso la va a colocar en una posición vulnerable. Y si a pesar de todas las precauciones es maltratada, que nos pida ayuda. Como madre estoy dispuesta a matar o dar mi vida con tal de defenderla. Es una ley natural básica que está por encima de cualquier ley humana.
Sé que me diréis que parece como si la mujer tuviera la culpa de que la maten por no defenderse. No. El culpable siempre es el agresor tanto en la violencia de género como en el acoso escolar.
Lo que yo expongo aquí es que ya está bien de buenismos y de paños calientes. No es lo mismo pegar para divertirse que pegar para defenderse de un acosador escolar. No es lo mismo «la maté porque era mía» que matar para defenderse de una pareja maltratadora. Es legítimo defenderse y la mujer debe hacerlo como pueda y con lo que pueda. De poco le sirve ser correctísima y acatar la ley si acaba muerta.
Y todavía habrá personas que opinen que la violencia no es justificable, ni siquiera, en defensa propia. Bien, entonces que vengan y pongan su cara y su culo. Su cara para que el maltratador se la rompa y se la desfigurare de por vida y el culo para que la viole. Y, encima, que dé gracias si no la mata.
A las parejas deberían explicarles las condiciones muy bien desde el principio: «No te consentiré que me faltes el respeto. Si constato que me eres infiel, te dejaré de inmediato. Si me pegas, lo harás la primera vez porque me pillarás de sorpresa, pero te juro que no volverás a dormir tranquilo…  Si te parece razonable, estupendo, vivimos juntos; sino yo no pienso ni forzarte a nada ni transigir en estos mínimos. Eres libre de escoger.»
A mi hijo le advertí de que yo le había puesto en este mundo y yo lo quitaría si pegaba o violaba a una mujer. Las madres y los padres somos responsables de la educación de los hijos para que no devengan maltratadores.
Los hombres y las mujeres nos necesitamos, por una simple cuestión de reproducción de la especie; pero también porque la vida siempre es más agradable y rica en compañía y, cuando mujeres y hombres son capaces de complementarse en lugar de entrar en confrontación, se suele llegar a un estado de plenitud que jamás se alcanza de forma individual.
Seamos inteligentes y escojamos bien a la pareja; y si en lugar de un príncipe que nos respete nos sale una rana, ¡a la charca o a la caja de pino!, pero ni una mujer más asesinada.

Un gran abrazo para todas las personas maltratadas.

Descansen en paz las mujeres, los hombres y los niños víctimas de maltratadores.