Fue el embrujo de la Alhambra

¡Quién pudiera vivir en la Alhambra!
          
Mi Granada no es como la vuestra; porque mi Granada fue creada entretejiendo poesía, historia, sueños, fantasía y música.
Siendo yo chica, mamá entonaba una canción llena de misterio sobre Boabdil, y aquel moro me daba pena; pues yo, también, era mora en las Fiestas de Moros y Cristianos. Y papá me contaba maravillas de la Alhambra y tocaba Granada con el laúd. Y el profesor de Historia nos explicaba que, mientras Europa estaba sumida en la ignorancia y la oscuridad, Al-Ándalus era el faro del conocimiento. Y después llegó Lorca

Yo era una mora en las Fiestas de Moros y Cristianos

       Durante años, mi Granada particular fue, poco a poco,  tomando forma, robándome el corazón, y así la conocí sin haber estado nunca en ella.
Era consciente de que tan altas expectativas podían derrumbarse al contrastarlas con la realidad; me había sucedido en Francia. París nunca logró tocarme ninguna fibra sensible; en cambio Granada… ¿qué tendrá que se te queda en el alma?,  ¿qué tendrá...?
La primera vez, llegué a ella como una Isabel de Solís, desnuda de todo derecho, amante secreta en una escapada fugaz; sin embargo, el poderoso embrujo de la Alhambra me convirtió en esposa aun con todo el universo en contra, igual que hiciera con Isabel.


Tardes con el emir, como una Isabel de Solís

O quizá fue la magia de las gitanas que nos leyeron las manos subiendo la cuesta de Gomérez: «Sufriréis y lloraréis mucho hasta poder estar juntos, pero luego vendrán cincuenta años de felicidad y tendréis un hijo y una hija».  Nosotros reíamos divertidos, incrédulos de aquellas predicciones que aceptamos como una atracción turística más. Hoy, ante nuestras bodas de plata, sonrío otra vez y pienso que la adivina acertó en todo.
Jamás he olvidado aquel primer amanecer cerca del Generalife. Un ruiseñor trinaba alegre sobre la copa de un álamo que nosotros veíamos desde la cama. Salimos temprano, casi no había nadie, y los jardines y los palacios se tornaron más íntimos y sensuales para acoger nuestros paseos. Durante aquellos días, Granada se nos mostró luminosa bajo su cielo azul, repleta de colores, de aromas, de movimiento, en definitiva, rebosante de vitalidad.


Granada desde las ventanas de la Alhambra. Fotografía de Demetrio Fernández



          En el viaje de regreso, hacía mías las lágrimas de Boabdil y una añoranza tremenda me calaba como si fuera agua; también, nosotros perdíamos la posibilidad de una vida feliz juntos al abandonar Granada.
El avión despegaba…, el desgarro era tremendo… y, entonces, al sobrevolar la Alhambra, me pidió que fuera su mujer. Prometo que yo no hice nada, fue el embrujo…, fue el espíritu de Muley Hacén que se compadeció de nosotros.


Sobrevolando el Generalife. Fotografía de Demetrio Fernández

Hay una Granada hecha de sueños, de recuerdos, de poesía, de promesas de amor… y esa Granada inmaterial es tan real y tan auténtica como la tangible.




       Con esta entrada participé en el blog Viajes y Fotos de Emerencia. Se trataba de compartir con los demás nuestro primer viaje a un lugar especialmente deseado. Después, Eme añadió con mucho acierto sus impresiones, fotografías y un documental. 
          Gracias, amiga, por brindarme esta oportunidad y recuerda: Granada es, sobre todo, la gente que la hizo posible y que la sigue creando día a día. Tú, también, eres Granada, Emerencia.

Jardines de la Alhambra. Fotografía de Demetrio Fernández

Por las noches se escucha el lamento del moro que perdió Granada. Fotografía de Demetrio Fernández



«Llorando por Granada» de Los Puntos, aquella canción llena de misterio...



Narciso Yepes interpreta «Recuerdos de la Alhambra» de Francisco Tárrega



Alfredo Kraus interpreta «Granada» de Agustín Lara




Y después llegó Federico García Lorca... (Poemas recitados por Nati Mistral)



Agradezco a Demetrio Fernández Vaquero la cesión de las fotografías de la Alhambra.